Energía

Reducción de la iluminación nocturna de las calles

Según los datos publicados por el grupo de Estudio de Contaminación Lumínica de la Universidad Complutense de Madrid, "España tiene el récord europeo en consumo energético por habitante en alumbrado público, con 118-114 kwh/año por ciudadano, frente a los 90-77 de Francia o los 48-43 de Alemania".

Propuesta original: 

Reducir la contaminación lumínica y mejorar la eficiencia energética del alumbrado público ajustando los niveles de iluminación en el suelo a los recomendados por organismos como el Instituto Astrofísico de Canarias o la Comisión Internacional de Iluminación; hasta alcanzar, como mínimo, los 65 kilovatios por año y habitante.

Para ello, se reducirá la intensidad del alumbrado público en horas de menor actividad mediante el empleo de reductores de flujo en la red pública o el apagado selectivo de luminarias (incluyendo el apagado total del alumbrado ornamental, monumental o publicitario); se aumentará la distancia entre luminarias activas y se adaptarán progresivamente todas las luminarias -de la forma que resulte más económica, generalmente al fin de su vida útil- para que no emitan luz por encima de la horizontal (flujo luminoso únicamente hacia abajo, mediante apantallamiento, por ejemplo) y la dirijan hacia a aquellas zonas donde es necesario iluminar; y empleen lámparas de espectro poco contaminante, gran eficiencia energética (preferentemente de vapor de sodio a baja presión (VSBP) o de vapor de sodio a alta presión (VSAP)), y potencia adecuada al uso específico (máximo 100W, salvo que se justifique técnicamente la necesidad de una potencia mayor).

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Abandono de la energía nuclear como fuente energética

El riesgo de operación de la energía nuclear es socialmente y ecológicamente inaceptable, y no existe una solución viable a medio plazo para resolver el problema de los residuos nucleares, que hay que almacenar en instalaciones especiales por espacio de miles de años, por lo que creo que se debería cerrar progresivamente las centrales nucleares conforme alcancen su vida útil siempre que, llegado el momento, el cierre no desestabilice el suministro energético.

En estos momentos sería posible llevar a cabo esta política, ya que la energía nuclear sólo representa el 10% de nuestra capacidad de generación y que tenemos excedente de capacidad de generación. El calendario de cierres sería el siguiente (sacado de Revolución Energética):

Garoña, 2010; Almaraz I, 2020; Ascó I, 2022; Almaraz II, 2023; Cofrentes, 2024; Ascó II, 2025; Trillo, 2027; Vandellós II, 2027. El pico de producción de las centrales nucleares sería el 2009. La energía generada mediante energía nuclear finalizaría el año 2027.

Propuesta original: 

El riesgo de operación de la energía nuclear es socialmente y ecológicamente inaceptable, y no existe una solución viable a medio plazo para resolver el problema de los residuos nucleares, por lo que nos comprometemos a cerrar progresivamente las centrales nucleares conforme alcancen su vida útil -no más allá de los 50 años desde su puesta en marcha- siempre que, llegado el momento, el cierre no desestabilice gravemente el suministro energético.

A fin de poder llevar a cabo este compromiso, desarrollaremos políticas dirigidas a garantizar el suministro energético mediante el uso preferente de energías renovables, a aumentar el peso de dichas fuentes de energía en el mix energético y a incentivar su uso e implantación con medidas legislativas y reglamentarias.

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